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Es una religión que intenta abrirse al mundo de hoy a petición del Pontífice, mientras que todavía se sigue criticando mucho a sus altas cúspides que continúan en mucho en opulencia.
La diócesis de Culiacán, tiene la particularidad de tener un obispo nombrado por él, Jesús José Herrera. También ser de una población creyente «mediana».
Luis Fernando Quiroz
Guadalajara, Jalisco; 21 de abril de 2025. Esta es una realidad de la Iglesia Católica en el mundo y en México tras el fallecimiento de Francisco. Es una religión que intenta abrirse al mundo de hoy a petición del Pontífice, mientras que todavía se sigue criticando mucho a sus altas cúspides que continúan en mucho en opulencia.
Se le sigue considerando una religión de diálogo, de encuentros, según The New York Times. De oportunidad de ver por el otro, tal vez como nunca; una que quiere eliminar el cesaropapismo.
Numéricamente, en México la religión católica se ha vaciado. Pasó de tener por lo menos oficialmente un 90 por ciento de seguidores a principios de los años 90´s, a una población nominal, asistente a las misas de domingos, al día de hoy de entre un 50 y un 60 por ciento de la población, refiere el Inegi.
Se afirma que la Iglesia no hace más ayudar a que estos números se mitiguen, esto porque le cuesta moverse, sus líderes se conflictuarían con sus estructuras enquilosadas y sus creyentes no están preparados para ello.
La diócesis de Culiacán, por ejemplo, tiene la particularidad de tener un obispo nombrado por él, Jesús José Herrera. También tiene como particularidad ser de una población creyente «mediana», inmersa en una realidad de violencia, de mucha inclusión grupal en pueblos más que en ciudades, como se aprecia en las misas dominicales en la Catedral de nuestra ciudad.
Falta que permee la religión católica, por tanto, en nuestra diócesis.
