Por Antonio Velázquez Zárate
Si bien es cierto que abordar temas de toda índole siempre serán abundantes aun en situaciones como en lo que en la actualidad vivimos, la realidad también es que las noticias frescas son muy escasas por no decir que nulas, de tal forma que en casi todos los espacios los dedican a información sobre la pandemia, los diversos medios de comunicación se han dado a la tarea de recurrir al archivo de las anécdotas o sea, volver al pasado.
El tiempo pasa con aparente mayor lentitud en la medida que permanecemos en casa, las tareas cotidianas serían mucho más monótonas de no ser por tener a la mano un periódico que leer, televisión para sintonizar todo tipo de programación, teléfono celular y de casa para comunicarnos con familiares y amigos, aparato donde escuchar música, libros archivados y leídos volvemos a releerlos simplemente porque no hay establecimiento abierto donde adquirir nuevos. Y en muchos casos, como lo apuntamos en anterior entrega, recurrir a tareas recreativas, como juegos de mesa y manuales
Con relación a la lectura, en el caso de quien esto escribe, cuenta con varios ejemplares de obras de Julio Verne, cuyas fascinantes novelas de ciencia-ficción fueron siempre foco de mí atención desde tempos mozos. En tiempos modernos algunas de sus fantasías dejaron de ser ficción para convertirse en realidad.
Meses atrás tomé una decisión: donar muchos de mis libros para el acervo dela escuela Activa Integral, donde estudió el mayor de mis nietos. Creo que si bien tomé una buena medida, al mismo tiempo en estos días me asaltó la nostalgia, especialmente por una colección de la ya no tan prestigiada revista Selecciones de Reader Digets. No le di continuidad a mi suscripción hace unos cinco años porque, aun cuando no dejó de publicar interesantes temas, su política editorial cada vez mostró más tendencia a publicar reportajes pagados (aunque no lo decían), más allá de la exagerada publicidad.
Desconozco si aún sale a la luz.
Inicié a coleccionar ejemplar por ejemplar, desde la década de los años 80´s así es que échele cuentas tomando en cuenta toda esa década y hasta junio de 2014, fecha en que decidí “no más”. Al retornar de mi viaje a Brasil, a donde asistí a la Copa del Mundo de Fútbol, me di a la tarea de ordenar el desorden. Sí, porque cada uno delos tomos estaba en la biblioteca en total desbarajuste, así es que los ordené por año y por mes. Y llevé la cuenta. Total: exactamente 500 ejemplares.
Y sí, fue una casualidad.
Si usted se anima a hacer la cuenta esos 42 años y 6 meses le dan la suma de 498. ¿De dónde entonces nos dio la suma de 500?. Antes de saciar la curiosidad de nuestros lectores, déjeme decirle que no incluimos libros que a través de su revista ofrecía a los suscriptores, de estos contabilizamos más de 100 en esas cuatro décadas y media.
Mea culpa. Sí, porque no vi hacia el futuro. No fue sensato. No pensé en la nueva camada, en la nueva familia. La lectura de esa revista, es o era, muy accesible, fácil de digerir para despertar el apetito de leer. No me quedé con un solo tomo, ni de la revista, ni de los libros. Por ese lado sí que me pesa, pero por el otro no, porque sé que están a buena recaudo para provecho de muchas generaciones.
Espero que así sea.
En cuanto al misterio de los dos ejemplares de “pilón”, ahí les va la historia.
Jorge Luis Telles, amigo de toda la vida y padrino de bautizo de mi hijo mayor, instalado como director de El Sol de Sinaloa, me llamó a su oficina. En ese entonces, había pasado de la crónica deportiva a la tarea de reportajes especiales y fuentes asignadas para la primera plana. “Está instalada una exposición de libros en el Parque revolución”, señaló y me sugirió un trabajo especial.
Ubicado a dos cuadras del periódico, fue a cumplir la sugerencia. La orden pues, solo que Jorge Luis, jamás le daba a sus palabras ese tono y además fui su mano derecha en muchos aspectos. Ya habrá tiempo de escribir sobre ello, si esta pandemia se alarga.
Entre los expositores estaba un señor muy entrado en años, bueno, por lo menos para mí así lo parecía. Nos llamó la atención de los numerosos tomos que exhibía de la mencionada revista, cuando ya para entonces teníamos parte de la nuestra en los umbrales del nuevo milenio. Casi impecables ejemplares de los años 30, 40, 50 y más. Todo esto y más sobre la exposición lo consignamos en el reportaje.
Al día siguiente, a petición de los expositores, les llevé varios ejemplares de El Sol de Sinaloa. Fue página completa con fotos, datos e historias. El dueño de las revistas Selecciones, con una expresión de alegría, me preguntó: “en que año nació usted?”. La verdad que me extrañó, porque nada tenía que ver, desde mi punto de vista, con nuestra tarea, al menos que fuera para “echarme” una flor, pensé.
Pero no, no fue por ahí.
Dicho el año, estiró la mano y buscó entre su acervo, que bien acomodadito, no le llevó mucho tiempo para sacar dos ejemplares uno de 1948 y otro de 1949. Estiró el brazo, me los puso en la mano y me dijo: “un obsequio para usted, una de un año antes de su nacimiento y otra del mes (junio) y año de que usted llegó al mundo”.
No lo podíamos creer. De entrada le negamos el obsequio, no recuerdo si su costo era de 10 o 12 pesos. Le inquirimos en que era su negocio y que en todo caso nos los vendiera a mejor precio. Pero no, él insistió. Nos fuimos al periódico con nuestro preciado tesoro y de ahí a la biblioteca de la casa.
¿Y saben qué?: esos dos ejemplares aún están en mi poder. Sí, fueron los únicos que no donamos.
Antoniovelazquez13@hotmail.com
