*Problemas a un año del mundial
Por Antonio Velázquez Zárate
No sé si aun existen los famosos cerillos, infaltables en todos los hogares, servían para muchas tareas, con el bemol de que era necesario, tras encenderlos, darse prisa para hacer su tarea, porque su fuego duraba bien poco y menos aún cuando tenían en contra corrientes de aire. “Eres un cerillo, luego, luego te enciendes”, solíamos escuchar a los adultos décadas atrás, cuando una persona se enojaba con facilidad. Era pues, en ocasiones, encender uno, dos, tres o más cerillos para lograr el objetivo: encender la estufa, prender leña, quemar papel etc.
Bien, ayer la selección nacional, fue como los cerillos, de repente logró encenderse como real equipo, pero fueron solo unos cuantos chispazos, un cerillo húmedo al que le costó trabajo encenderse, pero apagarse al menor soplido. No fue pues constante, simplemente porque como cuando se va la luz, sus líneas se desconectaban, así es que, para llegar al área con frecuencia y claridad, poco o nada.
Muestra de ello, es que un defensa, Montes, de los cinco goles que ha anotado el tricolor, tres han sido producto del grandulón de Hermosillo, uno más de un mediocampista, Alvarez y solo uno de un centro delantero, Raúl Jiménez. Y aún más, cosa curiosa, México siempre ha sufrido en su área con la pelota en el aire, especialmente cuando se trata de jugadas a balón parado, en estos dos encuentros, ha sido todo lo contrario, el tricolor ha aprovechado en casi todos sus goles, lograrlos producto de jugadas a balón parado, facilidades que, ante equipos de otro nivel, difícilmente tendrá.
El equipo continúa sin encontrar la forma de romper defensivas a ultranza, la creatividad, aunado a la falta de movilidad adecuada de todos sus jugadores, le impiden generar jugadas de mayor profundidad, de llegar al área de tal manera que a los que pueden terminarla, tengan real opción de rematar al arco. No basta el esfuerzo, la enjundia, la entrega total, sería el colmo que no la tuvieran, de ahí que no nos explicamos como jugadores que en sus equipos rinden de otra manera, en la selección, no logran demostrar ese mismo nivel.
En general, la técnica individual, para subir un nivel es deficiente, tanto en el golpeo, como en la conducción y recepción y ni se diga cuando de pasar se trata. Solo un ejemplo: Quiñonez, quien en su equipo es un demonio, acá con el seleccionado, no logra dominar su velocidad, ello lo lleva a perder muchas pelotas al conducir en exceso, a golpear mal la pelota o cuando de cederla se trata, muy activo y entusiasta, sin duda alguna, pero de nada sirve si como él y otros pierden la pelota con facilidad, en ocasiones cuando el equipo está en plena ofensiva, propiciando que el rival aproveche contragolpes peligrosos.
No nos queda más que desear que Javier Aguirre y su equipo, resuelvan este crucigrama, de aquí al mundial, porque mientras casi todos los países crecen, acá nos quedamos en el mismo nivel de hace muchos años. Como decía un maestro de la escuela de periodismo Carlos Septién García: “hay que tener fe, porque el que no la tiene, está perdido”.
Nos vemos mañana
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