Carácter Político
Leonel Solís
Jesús de Nazareth, un joven de treinta años, con tres más proclamando la cercanía del reino de Dios, tuvo una muerte en extremo violenta y dolorosa, víctima de un juicio de carácter político por acusación directa del sistema religioso; al que le movió su estructura legal y su autoridad.
Religión y política marchaban juntos para los judíos de esa época, de ahí que a Jesús se le consideraba enemigo de la ley y por ende del pueblo. La decisión del Sanedrín, que nos relata el evangelista Juan, parte de la reflexión del sumo sacerdote Caifás, quien dijo “antes de que perezca la Nación entera, conviene que uno muera por el pueblo”.
La percepción de la autoridad romana de que Jesús trabajaba para obtener poder político, basados en que invitaba a no pagar impuestos y encabezaba una rebelión como si fuera un rey, fue pura calumnia.
La agitación en los corazones de hombres y mujeres, que provocó el de Nazareth, alcanzó a una parte del pueblo judío, a ciudadanos romanos y a los habitantes de comunidades contrarias, los samaritanos en este caso.
La causa de Jesús fue Dios, su Padre. En su nombre y por el poder del Espíritu Santo, resucitó a niños y niñas. A su amigo Lázaro. Curó a la distancia al sirviente del centurión romano. Limpió leprosos. Concedió la vista a quien nunca la tuvo. Perdonó a los pecadores y resumió la ley a un solo mandato de amor total a Dios.
Esta Semana Santa 2023 en que los cristianos repasaremos los episodios de la Pasión, Muerte y Resucitación de Jesucristo, se puede pensar en un humanismo cristiano de acuerdo a nuestras realidades actuales, con necesidades de amor, de soportes del dolor y pensando en lo mejor por venir para todos y cada uno de nosotros.
Con estas líneas compartidas, dejamos el teclado y el micrófono en espera, para continuar en la Semana de Pascua. Gracias, gracias, gracias.
