Columna 90 Minutos
Por Antonio Velázquez Zárate
Culiacán, Sinaloa; a 06 de agosto de 2022.-Apuntado está en el libro Un Siglo de Fútbol en Sinaloa, como en todos y cada uno de los municipios que abarcaron nuestra investigación, los campos de fútbol fueron aumentando de manera paulatina, hasta que llegó un momento en el que se convirtió en toda una explosión, desplazando al número de escenarios en los que se practicaba el beisbol, con todo y eso los cronistas de televisión continúan con la misma cantaleta, insisten en que el deporte de la pelota dura permea en nuestra entidad, pese a que las estadísticas dicen otra cosa. Que conste, hablamos del balompié de aficionados, los que lo practican por amor al arte, como muchos de quienes nos leen.
El título de esta entrega tiene que ver, más allá de los números, con un reportaje y un comentario en este espacio, que realizamos hace varios años, relacionado con la determinación de las autoridades de dotar de pasto sintético los campos de fútbol. En ese entonces, el reportaje trataba exclusivamente de las canchas del Centro Cívico Constitución, porque fueron las primeras en estrenar pasto sintético, disque de última generación, cuando en realidad, empezando por este detalle, es que se trató de pasto sintético del más barato y por lo tanto de peor calidad.
Platicamos con varios personajes ligados al fútbol, pero especialmente con el doctor Juan Martínez Barreda, primer médico especialista en medicina del deporte en Sinaloa, quien fue contundente en señalar y estar totalmente de acuerdo con quien esto escribe, que era un gran error “plantar” césped artificial.
El argumento de las autoridades para tomar esa decisión fue el gasto de agua y el hecho de que el pasto natural, no resistía la carga de trabajo a la que era sometida, pues desde las careadas mañaneras, entrenamientos todas las tardes y juegos oficiales, impedían que el pasto guardara las mejores condiciones.
En nuestros comentarios de ese entonces criticamos la falta de investigación sobre el uso del pasto sintético, sus repercusiones sobre el aspecto físico de quienes lo usarían y, por otra parte, el deterioro de su superficie que, con el paso del tiempo, económicamente tendría un alto costo. ¿Profecía? Para nada, simplemente un pensamiento lógico. El tiempo nos ha dado la razón.
Las autoridades se lanzaron a dotar de pasto sintético muchas otras canchas, situación no propia de Sinaloa, en otros estados antes que aquí se implementó esa medida, especialmente en ciudades donde el agua escasea, ejemplo de ello son Tijuana y Ensenada, cuyos campos, desafortunadamente se han vuelto un peligro para la práctica del balompié, como actualmente en varios escenarios de Culiacán.
Los niños y jóvenes que entrenan y juegan en esas canchas, él tiempo les cobrará fractura porque no es el mismo impacto correr en pasto natural que en cancha sintética, cuya superficie es dura y con el paso del tiempo más peligrosa porque se rompe como cualquier alfombra y va quedando solo el corcho negro. En este aspecto, que podemos decir de los veteranos, simple y sencillamente, es sentencia de lesiones serias.
La pregunta es ¿Qué determinarán las autoridades? Desde luego, una será en insistir en restaurarlas con pasto sintético y la otra es volver al pasto natural. En ambos casos el problema es el mismo: el uso indiscriminado de las instalaciones. Tanto el pasto sintético, como el natural, se mantendrían en buenas condiciones, si se usaran, por ejemplo, solo para juegos oficiales. Aquí surge otra pregunta: ¿y dónde entrenarían los equipos? Aquí en Culiacán, existe un buen ejemplo de como mantener campos de juego con pasto natural en estado casi óptimo, pese a que se utilizan casi todos los días de la semana. Nos referimos a los de SAGARPA. El mantenimiento pues, es el secreto. Mientras que los de pasto natural pueden recibirlo, los de pasto artificial simplemente no. Salvo que alguien salga con que parchando las partes dañadas bastaría.
Para terminar: en ambos casos, el aspecto económico es medular.
Nos vemos mañana.
Antoniovelazquez13@hotmail.com
