Por Antonio Velázquez Zárate
Pues nada, que a falta de actividad futbolera el sábado por la tarde noche, los amantes del balompié, más por morbosidad que por otra cosa, soportamos larga función de boxeo, desde luego, enfocados a querer o no, al combate estelar, entre un boxeador convertido en robot, Saúl “Canelo” Álvarez y el cubano, pero con nombre y apellido estadounidense William Scoll, que resultó todo un correcaminos, dispuesto, es verdad a terminar de pie, perder su cinturón pero con los bolsillos llenos de dólares.
Uno de nuestros amigos del Chat de los futbolistas comentó: “con esas actuaciones del “canelo”, crece más la figura del Julio César Chávez”. Razón no le falta, es algo que de tiempo atrás quedó plenamente de comprobado, es más, boxeadores mexicanos contamos por lo menos 15 mejores que el tapatío, cuya carrera, eso sí manejada con mucho tino por su equipo, no ha hecho otra cosa, como lo manifestara una mujer comentarista “ir a donde haya más dinero y menos riesgo”.
No ha faltado quien, entre ellos el propio Chávez, que le han dado con todo al cubano, quien como lo apuntamos, si bien subió simplemente a lucir impresionante movilidad, sin el menor deseo de ir por el triunfo, sino terminar de pie, el mayor culpable de tan deplorable espectáculo fue el boxeador mexicano, quien volvió a mostrar su falta de recursos técnicos y tácticos. Como lo apuntamos, haga de cuenta un robot de movimientos torpes y lentos. En total entre ambos se apuntaron 455 golpes en los 12 asaltos, la mayoría infectivos por parte de Álvarez; esa estadística, de acuerdo con los especialistas, es todo un récord histórico del pugilismo mundial.
Se supone que estudiaron bien al rival y como todo deportista debió tener su pan “A” “B” y hasta “C”, para lograr lo que la gente ha estado esperando desde hace muchas peleas del Álvarez, pero sin juego de cintura y una lentitud de espanto, golpeó más al aire y a las cuerdas que a su rival. Julio César Chávez, encaró a rivales similares, pero a todos en su momento, gracias a su talento, les cerró el camino y los apabulló.
Así pues, más culpable del pésimo espectáculo fue el “canelo” que su rival, así haya sido que este, de plano, no subió con la intención de ganar, para su fortuna, se topó con un robot, al que hizo ver limitado en todos sentidos.
En esta vida hay fraudes y corrupción, que por ley de castigan, pero otros no pero que no dejan de ser lo mismo, fraudes y corrupción, porque tras bambalinas se arreglan muchas cosas que se convierten en acciones con mucha falta ética y moral. Saúl Álvarez, todavía tuvo el descaro de al final del combate de reclamarle a su rival su actitud huidiza, cuando debió molestarse consigo mismo por su ineptitud y falta de talento técnico y táctico.
Mañana le entraremos a lo nuestro: el fútbol
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