Por José I. RODRIGUEZ
El 15 de abril de 1957 fue una fecha nefasta para todo México y no sólo para el cine y nuestra música pue ese día, muy temprano falleció Pedro Infante.
Personalmente viví en Mazatlán esos primeros momentos de su fallecimiento.
Venía yo de «yate», en la playa norte donde limpiaba lanchas de «gringos» a cambio de unas monedas y dos pescados sierras. Y cuando caminé abajo por la Calle Arriba (hoy Virgilio Uribe) me encontré con un voceador de una extra de El Sol del Pacífico, dando cuenta de tan fatal suceso.
Ya imaginarán a la gente del puerto, una enorme tristeza y desolación.
Yo andaba por los nueve o diez años edad.
Retomando el relato, diré que, su gusto por los aviones, pues contaba con licencia para pilotearlo, le cobró factura ese día cuando su avión despegó en el aeropuerto de Mérida, Yucatán para desplomarse apenas unos minutos más tarde.
Eran las 8:15 am cuando sucedió el accidente en el que, además de el, otras cuatro personas perdieron la vida, incluyendo dos en tierra.
Todo México vistió de luto pues el mazatleco era un héroe nacional, habiendo grabado unas 350 canciones y 60 películas.
Su música aun sigue vigente y se escucha tanto en fiestas particulares como en la radio y cantaba todo tipo de música desde rancheras hasta boleros, chachá y hasta infantiles.
Recordados sus papeles en A toda máquina, Tizoc, Los Tres Huastecos, Pepe el Toro en Nosotros los Pobres y Ustedes los Ricos, o en El Inocente.
Obtuvo el premio El Oso de Plata en Alemania como mejor actor en la película Tizoc, así como un Globo de Oro también por su actuación en Tizoc.
Sin embargo ambos reconocimiento fueron de forma póstuma.
Pedro ya había sufrido par de accidentes de aviación, razón por la cual le colocaron una placa, se dice, de platino, en su cráneo.
Recibió reconocimientos póstumos tanto en nuestro país como en otras partes, incluyendo su nombre a una calle en suburbio de Los Angeles.
Existe una frase desde siempre: «Pedro Infante no ha muerto… sigue viviendo en el corazón de los mexicanos»
