*El ex del Nápoles y del Boca Juniors fallece de un paro respiratorio
Por Luis Fernando Quiroz/Sateliteonline.mx
Culiacán, Sin. 25 de noviembre de 2020.-Atónito quedó el mundo del fútbol argentino y mundial luego del fallecimiento del astro de ese deporte Diego Armando Maradona, el «Cebollita», el hacedor «de la mano de Dios», en su natal Buenos Aires, según reportan varios medios de comunicación entre ellos Mediotiempo y Cancha.
Es conocido en estas tierras del Pacífico mexicano el paso que tuvo por el deporte del balón en Culiacán, con los combativos, por lo menos en ese tiempo, Dorados de Sinaloa en el que imprimió un toque especial, de vitalidad al equipo. Su breve paso por aquí no fue un imperativo para que no desarrollara una técnica difícil de olvidar, reconocido por jugadores y afición.

Siempre polémico, hizo de sus problemas de salud, de sus confrontaciones familiares y de una adicción indómita, una constante en su vida. Detractores y aficionados a él, lo mismo como deportista o como líder nato, lo convirtieron en una estatua de oro digna de su nacionalidad, de un espacio en el que conviven otros grandes, enormes del fútbol, como Johan Cruyff y Lev Yashin.
Este miércoles será recordado como un «día de gloria». Se esperan pronunciamientos en todo lo largo y ancho del mundo muchos de ellos en pro de las «faenas de todo un toro» del deporte que lo llevó enormemente a ser considerado una de las glorias de su país. «Argentina lo llora» y bien se dice que el país está lleno de «figuras míticas»: el papa Francisco, Messi, él.
Ventiun años de jugador fueron los suficientes para posicionarlo como referente y lo «catapultaron» a la gloriosa selección e incluso al Viejo Continente donde todavía se veía a los jugadores de las tierras americanas como con cierto recelo a desarrollar jugadores excelsas, en el que sólo poco de ellos llegaban al estrellato.
Todavía dirigía si al Club Gimnasia y Esgrima y lo hacía buscando que el equipo no descendiera al «inframundo» de la Segunda División del país austral, lo hacía con la misma pasión con jugó alguna vez con Ancellotti en el calcio de la Bota Italiana en 1984.
Su espacio vital eran sus relaciones: lo mismo políticos -como los Kirchner, o Hugo Chávez-, que representantes del medio del espectáculo lo anhelaban, ambicionaban su nombre. Su estrella tardará mucho en apagarse en el cielo del Cono Urbano.
Lo mismo jugó cuatro Mundiales, que participó en tres Copas América y fue director técnico en una Justa Mundial, la de Sudáfrica. Como palmar, durante catorce partidos realizó un hat trick.
Es de recordarse la frase del periodista Víctor Hugo Morales: «¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… «, tras uno de los goles contra Inglaterra, en la que realizó la «Mano de Dios».
«Hasta siempre Diego».
