Columna Satélite Sinaloense
Por Guadalupe Martzz
Fue un martes por la tarde de un día de marzo del año 2002, el nombre de Javier Torres Félix, ya era famoso en Culiacán, por la matanza de 12 de sus familiares en el poblado de El Limoncito, ocurrido el 14 de febrero del año 2001.
Antes de esas tragedia sólo se conocía su apodo «El JT», quien era lugarteniente y mano derecha de Ismael Zambada García, «El Mayo», líder del Cartel de Sinaloa.
Eran como las 5 de la tarde y me encontraba en la redacción de El Debate de Culiacán. Escúche en la frecuencia de la Policía Municipal que se estaba llevando acabo un operativo militar en la colonia Las Quintas, por la calle Estado de Veracruz.
Salí apresurado de las instalaciones de El Debate de Culiacán y le dije a uno de los fotógrafos que me acompañará al operativo de los soldados y aceptó. En pocos minutos el chófer de la unidad de redacción nos llevó al lugar.
Nos detuvimos a una cuadra de la casa que estaban cateando debido a que había un cerco de elementos del Ejercito Mexicano resguardando la zona. Caminamos unos 20 metros para acercarnos más a la casa intervenida.
No había casi gente afuera de sus casas mirando lo que pasaba por el operativo miliar. Tampoco había cordón amarillo solo unos soldados que impedían el tráfico de vehículos y personas a pie por el frente de la casa.
Lo primero que observe fue a un niño de unos cinco años, bien vestido, podría jurar que los zapatos, el pantalón y la camisa que vestía eran nuevos y de marca. Era de tez blanca, pelo negro, de complexión delgada, de un metro de estatura.
Estaba parado con las piernas un poco abiertas y sus brazos cruzados al pecho en una actitud retadora y visiblemente molesto. El pequeño miraba fijamente y no perdía detalle de los militares que entraban y salían del domicilio en cuestión.
Me pare a su lado izquierdo y me di cuenta que me observo de reojo, creo que se percató que yo era periodista porque traía uniforme de El Debate, una libreta y una pluma en mi mano derecha. El niño se llamaba Javier Iván, lo supe porque usaba una esclava de oro muy llamativa en su muñeca derecha.
De repente escuché que dijo: «Para qué lo buscan, si ya se les pelo». Me llamó la atención su comentario y le pregunté ¿Quién se escapo? «Mi tío Javier Torres», contestó el plebe con una sonrisa de satisfacción en su rostro. «Se fue antes que llegarán los soldados, alguien le llamó y salió en friega» agregó el niño. Luego se retiró y se introdujo en una casa ubicada por la misma calle.
En todos los años que trabaje como reportero de hechos policíacos confirme que los niños que fueron testigos de un hecho delictivo eran las fuentes más confiables para los periodistas y ese día del cateo sólo tuve que confirmar su versión con un policía amigo mío quién sabía lo mismo que me había dicho el niño.
