Columna Satélite Sinaloense
Por Guadalupe Martzz
Fue a medidos del año 2008. Ese día era sábado por la tarde y cubría la guardia de la sección de Seguridad y Justicia del periódico Noroeste. Nos informaron de una balacera ocurrida por el bulevar Pedro Infante en una agencia de vehículos. La Policía Municipal hablaba de una persona herida y de un supuesto despojó de una camioneta de modelo reciente.
En ese entonces en la redacción de Noroeste había un editor adjunto que coordinaba toda la información llamado Darío Dávila, quien también salía con los reporteros durante hechos de violencia que en esos días se habían incrementado con la supuesta guerra contra el narcotráfico .
Darío y yo salimos a prisa de la redacción y abordamos el «bochito» blanco donde nos trasladamos a los hechos policíacos. Llegamos a la agencia de vehículos en unos 7 minutos. Agentes de la Policía Municipal resguardaban el lugar dónde habían quedado dos camionetas Cherokee. Una estacionada de frente a una pared y la otra a sus espaldas bloqueando la salida de la primera unidad.
Los policías nos comentaron que dos jóvenes que viajaban en una de las camionetas habían perseguido a los que circulaban en la unidad que quedó de frente a la pared. Los jóvenes habían reconocido esa unidad cómo la que les habían robado una semana antes y por eso la siguieron hasta el lugar.
Los jóvenes, quienes eran hijos de empresarios de la construcción, informaron a los agentes que al cerrarle la salida a los de la camioneta que les había robado, bajaron dos sujetos armados con rifles AK-47 mejor conocidos como Cuernos de Chivo» y realizaron disparos al aire para asustarlos y lo consiguieron porque se echaron a correr hacia el interior de una agencia de vehículos.
Uno de jóvenes se estrelló con uno de los cristales de la fachada del inmueble.
El joven sufrió varias heridas cortantes y tuvo que ser auxiliado por paramédicos de la Cruz Roja y lo llevaron a una clínica particular. Su compañero se fue con él y los delincuentes apoyados por sus cómplices que llegaron al lugar huyeron del lugar dejando ambas camionetas con las puertas abiertas.
Los agentes preventivos resguardaban las camionetas que habían quedado en el lugar y algunos casquillos de las balas disparadas en por los sujetos armados como evidencia del hecho delictivo.
Los municipales y nosotros como periodistas esperábamos la llegada de los peritos de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa.
La sorpresa fue ver llegar en una camioneta a dos personas, una de ellas, un ex alcalde de Culiacán, quién con muchos «huevos» les informó a los agentes de la Policía Municipal que se llevaría la camioneta de los jóvenes afectados. Incluso sacó del bolsillo de su pantalón de vestir un duplicado de la llave de la camioneta. La abrió en presencia de los municipales, quiénes le decía que no lo hiciera y que no podía llevarse la unidad debido a que se había cometido un delito.
El ex alcalde se sentó al volante, encendió la unidad, y fue en esos momentos que los policías le informaron que podían arrestarlo si trataba de llevarse la camioneta.
Las palabras altisonantes encontra de los representantes de la autoridad salieron a relucir de parte del político y ex autoridad municipal. Eran palabras tan fuertes que sólo se escuchas en personas que no tienen educación y que las pronuncian previas a un pleito.
En ese momento recordé que durante sus tres años de su administración nunca lo vi enojado y mucho menos decir una grosería. Un año me tocó cubrir sus actividades y siempre, aunque las preguntas fueran incómodas, contestaba calmado y políticamente.Nada lo alteraba.
¿Quién es ese? me preguntó Darío Dávila en referencia al recién llegado que portaba ropa de vestir impecable al igual que su peinado. «Es el ex alcalde de Culiacán» le contesté a quién en ese momento era mi jefe inmediato.
El ex alcalde de Culiacán lanzó también varias amenazas a los agentes que le impedían llevarse la camioneta de los jóvenes afectados. Sólo les faltó decirse de que se iban a morir.
Mi jefe Darío Dávila estaba encantado porque teníamos todo grabado y habíamos sido el único medio de comunicación testigos de cómo un ex presidente municipal quería violar la ley de manera tan prepotente y tratando de forma muy grosera a los agentes que sólo hacían su trabajo.
Los municipales informaron por radio a sus superiores de lo que estaba pasando con el ex alcalde y estos les ratificaron que no dejaran que el ex presidente municipal de Culiacán se llevará la camioneta y que estaban por llegar más agentes y los peritos de la PGJE de Sinaloa .
El ex alcalde de Culiacán estaba que reventaba de enojado y al escuchar que llegarían más elementos decidió retirarse no sin antes lanzar unas cuantas «madres» más contra los policías municiales. Subió ala unidad en qué había llegado junto con otra persona y se retiraron a toda velocidad.
«Ya vámonos, tenemos la nota principal para mañana», me afirmó Darío Dávila, editor de Noroeste en esos días. «No creo», le contesté. Nos subinos al «vochito» y volvimos al periódico.
No tardamos ni cinco minutos en llegar, subimos las escaleras y luego ingresamos a la redacción del periódico. En cuánto nos vio el director nos hizo señas para que entraramos a su oficina.
«No se va a publicar nada de lo que traen, son órdenes del ingeniero, olviden que estuvieron ahi», nos dijo el director editorial del periódico que presumía que no tenía compromisos con nadie.
Darío Dávila trato de defender su opinión de publicar la nota, pero la órden estaba dada y no había nada que discutir. La nota no se publicó y el hecho de violencia, las faltas a la autoridad de parte de alguien que había sido la máxima autoridad de Culiacán fueron ignoradas. La censura se dio dónde se presumía y se pregonaba que no había arreglos con nadie.
