Por Antonio Velázquez Zárate
Desconocemos en que sexenio se creó la Procuraduría Federal del Consumidor, pero es lo de menos porque se trata de una dependencia de mucha importancia para la ciudadanía porque nació precisamente para defender al consumidor de los abusos de los comerciantes. Sin duda alguna habrá comentarios a favor y en contra, pero nos parece que en general cumple con su función, pero nos parece que le falta mano dura especialmente cuando se trata de publicidad engañosa.
Cuando visitábamos con mucha frecuencia esta dependencia por tratarse de fuente asignada a mi carga de trabajo como reportero, fue más que una fuente informativa para dar a conocer como se deben de realizar los trámites para una inconformidad, fue sobre todo, una fuente que nos dio gran margen para no pocos reportajes especiales relacionados con diversos temas sobre productos varios. Junto con la Profeco y quien esto escribe nos dimos a la tarea por lo menos una vez al mes de entregarnos a la tarea de orientar a nuestros lectores. Esos reportajes los complementábamos con otras fuentes de tal forma que escudriñábamos todos los ángulos.
Recodamos el tema de la publicidad engañosa, situación que, desafortunadamente se continúa dando en algunos sectores comerciales sin que la Profeco meta las manos. La situación es porque no puede o porque no quiere.
Vámonos concretamente a la publicidad que aparece en los canales de televisión. Son decenas de productos de todo tipo lo que se anuncian “a precios increíbles que no lo vas a creer, que solo por esta vía lo puedes obtener”. Así lo dicen, pero aún más: “pero espera, no es todo, como oferta especial y por solo media hora (o en todo caso a las primeras 50 personas) que llamen al teléfono que aparece en pantalla, les vamos a duplicar la oferta. Sí, no escuchó usted mal, le enviaremos dos por el precio de uno y además, el envío corre por nuestra cuenta”.
Y aún hay quienes le agregan esto: “pero si pagas con tarjeta de crédito, te enviaremos un regalo sorpresa”. Nunca dicen de que se trata, en otros casos sí, pero se trata de embustes, de engaños a todas luces nocivos para el consumidor.
¿Qué no?. Va un ejemplo.
No lo tome usted como vanidad, pero no está por demás comentarle que toda mi vida he sido un adicto al ejercicio y con el paso del tiempo le he dado forma a un gimnasio personal con todo tipo de aparatos para combinar mis rutinas entre áreas verdes y mi gimnasio personal. Pues bien, en meses anteriores me llamó poderosamente la atención un aparato muy novedoso al cual a simple vista le vi muchas ventajas.
Tomé el teléfono para solicitar información y esto nos sucedió: “buenos días, tengo el gusto de hablar con el señor Antonio Velázquez”. Raro se me hizo, porque no recordaba haberles dado mi nombre. A velocidad de un rayo hice memoria y recordé que efectivamente, años atrás había adquirido un producto que venía anunciado en un panfleto que me llegó por correo, es decir, atacan por todos lados.
Bien, pregunté por el producto que me interesaba. “En estos momentos tenemos una oferta: de 6 mil 300 pesos, lo tenemos en 3, 300 y además, le enviaremos de regalo el cinturón magnético cuyos beneficios, bla, bla, bla.”
Nuestra respuesta fue: “bueno solo deseaba información, más adelante me comunicaré con ustedes”.
La semana siguiente, fuimos a una de esas dos famosas tiendas departamentales. Mientras la jefa compraba me puse a curiosear en lo que era de mi interés y para mi sorpresa tope con el mentado aparato. Cuál no fue mi asombro: su costo era de mil pesos menos que la mentada oferta por teléfono y no fue todo, ahí mismo estaba el mentado cinturón de “regalo” en mil pesos.
Y sumé: 2,300 del aparato, más mil del cinturón, daban exactamente lo ofertado por teléfono. La primera mentira fue que estaba rebajado de 6 mil y pico en 3,300 y la segunda es que estaba incluido el precio del mentado cinturón. Por supuesto que compre le aparato, más no lo otro. Y no me arrepiento, me ha dado grandes beneficios. Y más aun, hace un par de años esos mentados sartenes que nada se les pega, me costaron mucho menos adquiriéndolos en esas tiendas departamentales que en general no son nada baratas, aun así es mejor ahí que a través del teléfono.
A la vuelta de tres semanas, me encontraba fuera de la ciudad. Suena mi celular, era la jefa dela casa: “aquí llegó a la casa un aparato y me exigen como seis mil pesos, ¿qué hago?, ¿tú lo pediste?”. Un rotundo no salió de mi ronco pecho y “harto” coraje porque de pilón le dijeron que no podían regresar el pedido. No sabían con quien se habían topado, la jefa los mandó a volar.
¿Sabrá Profeco estatal sobre esta sarta de engaños y lo notifica a su central en la capital del país?. Bueno, suponemos que allá deben de saberlo y alguien tiene que autorizarlos o en consecuencia actuar con energía.
Desde aquí un consejo: como nadie regala nada así porque sí, simplemente porque los comerciantes no están para perder, no se deje engañar TODOS LOS ANUNCIOS que salen en la televisión tienen truco, son mentirosos. Búsquele por otro lado aunque le digan que solo le venden ellos, como la ahora tan publicitada pastillita negra. ¡Ah! ¿ verdad?.
Nos vemos 15 días, nos vamos de vacaciones
Antoniovelazquez13hotmail.com
