Por Antonio Velázquez Zárate
Ayer, por aquello de las prisas, se me pasó citar que dejaría pendiente el tema del arbitraje del partido decisivo de la final entre Toluca y Tigres de la UANL. Necesaria una entrega especial sobre el tema, tanto porque se trata del sinaloense César Arturo Ramos y por lo que consideramos su trabajo, desde mi punto de vista personal, sui generis, es decir peculiar o singular.
Antes de pasar al porque lo catalogamos como tal, permítanos ustedes recurrir a términos cantinflescos, dado que la Real Academia de la Lengua Española, hace muchos años anexó a su diccionario el verbo cantinflear. Recurro a él debido al título de esta entrega: la ley soy yo: César Arturo Ramos Palazuelos.
¿Cómo lo habría dicho el propio Cantinflas, si le preguntaran, que como está eso, que daba a entender sin haberlo dicho tal cual?
-Bueno, si lo dije, pero no lo dije, o sea, así es, pero ustedes dicen que de palabra lo expresé. Pues no, solo di a entender que hay que aplicar la ley, no que yo soy la ley, ni libro que fuera, entonces sí me di a entender. Algo parecido hubiese dicho el singular Mario Moreno.
Ahora, las cosas en su lugar.
En primer término, existen muchas formas de expresarse, desde la palabra hablada o escrita, la manera de mirar, de gesticular para manifestar enojo, admiración u otro estado de ánimo. En el caso de César Arturo, que quede bien claro, para nada dijo de palabra lo que en el título de esta entrega apuntamos, pero indudablemente que la manifestó por su trabajo del duelo final.
Más allá de imponerse como la máxima autoridad, con respeto, pero con la energía que se requiere para aplicar el reglamento, hubo detalles que por lo menos para quien esto escribe, pintan de cuerpo entero la madurez a la que ha llegado el sinaloense, ya muy próximo a cumplir su tercer mundial al hilo.
Veamos.
Con el cuento de que los silbantes, efectivamente no son médicos, los jugadores recurren mucho al engaño para tratar de impresionarlos, buscan hacer tiempo cuando les conviene o que el rival reciba una tarjeta amarilla o roja. Acá, en los televisores, vemos acciones que aparentemente son violentas, pero ahora existe el VAR, que los desnuda, aún así es recurrente la actitud “teatral” de los jugadores en el fútbol mexicano.
Durante el duelo entre Toluca y Tigres, César Arturo, dijo con señales categóricas “levante y anda”. No se enganchó en el anzuelo, incluso hubo durante el partido tres ocasiones en las que en las que con el jugador revolcándose, el juego continuó y aún más, en una de ellas, ordenó que continuara con saque de banda, pese a que un jugador continuó simulando una lesión. Sí, sui generis porque por lo regular el juego no continúa y el silbante va a ver al caído.
Nadie más cerca para medir la proporción de una acción violenta que provoque una posible lesión leve o grave. Con el paso del tiempo, los jugadores lo entendieron y se acabó el cuento de tratar de engañarlo para bien del espectáculo. Creemos que hubo un buen trabajo en equipo entre los de abajo y los de arriba en el que jugó seguramente la comunicación inmediata para avalar él trabajo de Ramos Palazuelos, tanto así que no hubo necesidad de recurrir en ningún momento al televisor del VAR
Y una más: Nahuel Guzmán, gran arquero, sin duda alguna, pero provocador al grado de incitar al público con su actitudes y experto en hacer tiempo, con César Arturo, le salió el tiro por la culata, porque en una acción se pasó de rosca y recibió su equipo como penalización a favor del rival un saque de esquina. Simplemente aplicó una de las nuevas modificaciones a las reglas, en la cuestión de hacer tiempo deliberadamente.
¿Detalles? Bueno, tal vez. Gignac, encaró al silbante auxiliar protestando quien sabe qué, pero nada amigable, ¿una advertencia o una amarilla? Un zapato volando de Marcel Ruiz. ¿Posible falta?, para nada, vimos muchas ocasiones la acción y concluimos que fue un rosón totalmente accidental, cuando la pelota estaba en otra parte. ¿Jalón del brazo a Diego Laínez? Tal vez si no hubiese exagerado la caída, nos parece no fue suficiente como para considerarse un agarre para frenarlo.
Pequeños detalles que para nada influyeron en el resultado. Trabajo pues de orejas y rabo. Salvo su mejor opinión. Gracias por sus mensajes a nuestros lectores Ricardo Cortez, quien apunta la terrible falla del penal del campeón del mundo Ángel Correa y a Jesús Buendía, al preguntarnos por qué no hablamos ayer del arbitraje. Las razones aquí las expusimos.
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