= Tecnología, mercadotecnia y competitividad
= Memorables recuerdos de aquellas épocas
= Culiacán, escenario de 19 finalísimas
= El cubano Despaigne lanza hoy el primero
Jorge Luis Telles Salazar
Antaño, no hace muchos calendarios, tener una serie final en casa representaba algo más que la expectativa de disfrutar, en vivo y en directo, de lo mejor de lo mejor del beisbol mexicano. En las 59 participaciones de Tomateros de Culiacán en la Liga Mexicana del Pacífico – de 1965 a la fecha – hemos vivido esta experiencia en 19 ocasiones: la primera de ellas, en la temporada 1969-1970; la última, en la edición 2021-2022. Apenas tres años atrás. Solo la ciudad de Hermosillo nos supera en número de finales escenificadas y también en campeonatos ganados, por supuesto.
En efecto, de aquella primera gran final (enero de 1970) a nuestros días, muchas cosas han cambiado sustancialmente al interior de esta indisoluble relación beisbol, peloteros, medios de comunicación, cronistas deportivos, aficionados en torno de la ciudad en términos generales. Aquella vez, Tomateros de Culiacán venció en seis juegos a los Cañeros de los Mochis, tras un polémico desenlace en cuyo resultado la afición verde ubicó a dos grandes culpables: el ampáyer Juan Lima y el narrador Agustín D. Valdez, uno de los mejores en su género a nivel nacional. Para mi gusto: el mejor de todos. A raíz de aquello, agregaron a Horacio López Díaz, entonces presidente de la liga, dentro de la lista de “villanos favoritos” y hasta llegaron a considerarlo como una persona “non grata” en aquella ciudad.
Y es que aquí, en la Costa, desde Mazatlán hasta Hermosillo, incluso Tijuana, llevamos el beisbol en la sangre -titulo de un libro, a propósito de Herberto Sinagawa sobre Agustín D. Valdez – y lo palpamos, lo sentimos con una pasión intensa, a tal grado de que ganar un campeonato no es solo disfrutar de una satisfacción indescriptible, sino es cuestión de orgullo regional. Para quien pierde, sin embargo, siempre habrá frustraciones que evolucionarán a justificantes, a manera de amargos paliativos. Cosas que no se olvidan con el paso de los años y que, con el tiempo, llegan a convertirse en situaciones imperdonables. Los ejemplos son muchos y variados.
Afortunadamente esa pasión no solo persiste sino que se ha acrecentado, felizmente, calendario tras calendario. En paralelo a la construcción de nuevos estadios en casi todas las plazas, la implementación de tecnología moderna, la aplicación de nuevos modelos de mercadotecnia y la contratación de peloteros de primer nivel, ha propiciado un marcado incremento en la afición, en el disfrute de las variedades del entretenimiento adicional y lo más importante, en la identidad con el equipo de sus amores.
Esta campaña, 2024-2025, no ha sido fácil a causa de circunstancias adversas y fuera de toda competencia; pero, con todo y ello, la pasión y el sentimiento por el equipo, resurgió en la etapa final, con grandes llenos, no solo en Culiacán sino en todas las ciudades sede de juegos de postemporada en sus diferentes etapas: eliminatoria, semifinales y final, llamada ahora la Serie de México.
Felizmente.
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Y bien.
Años atrás, tener una serie final en casa, representaba, para los cronistas deportivos, la posibilidad de recibir la visita de amistades hechas a través de las viejas líneas telefónicas, mismos que habían recibido la encomienda de sus respectivas casas editoriales de cubrir de manera especial el evento para sus respectivos lectores. Tiempos aquellos en los que, para solicitar el resultado de un juego determinado, vía telefónica, había que marcar el número 02 y esperar hasta por una hora la llamada de la operadora.
Así, nos caían aquí, entre otros: Luis Alfonso López Celis, de Hermosillo; Manuel Ramos, de Mexicali; Rogelio Barraza, de Ciudad Obregón; Ricardo Meraz, de Mazatlán, del lado de la prensa escrita, mientras que, por el lado de la crónica radiofónica, era un placer saludar a Eduardo Valdez Vizcarra y José Ramón Flores, de Mazatlán; el profe Orona y el mago Obeso, de Guasave; Octavio Ibarra Cota y Héctor Islas, de Los Mochis; Alfonso Araujo, de Ciudad Obregón y Fausto Soto Silva, de Hermosillo, por citar algunos.
Y también desde la ciudad de México, en calidad de enviados especiales -sobre todo cuando la serie final se desarrollaría en Mazatlán, Hermosillo o Culiacán -, legendarias figuras del periodismo deportivo, como el gran Tommy Morales, de la Afición; Jorge de la Serna, de El Sol de México; Manuel Villasana, de Esto y Enrique Kerlegand, de El Heraldo, entre otros.
Apoyo en el trabajo mutuo -siempre y cuando la nota no fuese una exclusiva -, intercambio de experiencias y largas horas de convivencia a la conclusión de la jornada laboral, creaban una atmosfera fantástica al amparo de series finales. Y no se diga ya de una Serie del Caribe.
Eso ya se fue.
Y se fue para no volver.
Hoy día, los enviados especiales representan un gasto innecesario para los periódicos porque, para empezar, ya ni periódicos hay. Ya no hay necesidad de cubrir salarios de un fotógrafo especializado porque la sala de prensa de la liga o el club anfitrión ofrece el material necesario para el trabajo, incluido un escueto boletín de prensa que, corregido, es prácticamente el mismo a leer en las plataformas de aquellos medios que se mantienen exclusivamente en la virtualidad toda vez que así lo exige la dinámica moderna.
Los cronistas radiofónicos, años atrás tan conocidos y criticados por su abierto favoritismo hacia el club local -lo que se entiende, por supuesto – han quedado reducidos a su mínima expresión, ante el empuje de la televisión comercial y las nuevas plataformas de comunicación, de tal modo que su trayectoria es prácticamente inadvertida, así como su relación con aficionados, colegas y público en general.
En la actualidad, han desaparecido las kilométricas filas en las taquillas de los estadios para el juego en turno y el movimiento en el estadio previo al arranque del partido. Ya los boletos son electrónicos y lo más practico es arribar al parque solo minutos antes del “pley bol”. Antaño, había pleito por adquirir una triste torta de jamón al interior; hoy, la oferta de alimentos y bebidas es impresionante. Antaño, la banda de música era imprescindible en una final; en la actualidad han sido borradas por los dispositivos electrónicos y por el variado espectáculo que se ofrece paralelamente al juego en turno.
Antaño era estrictamente necesario arribar al estadio con aparato de radio en mano, adquirir una quiniela, una cerveza y cazar una apuesta. Hoy día ya no hay radios, ni quinielas, ni apostadores (al menos yo no los he detectado). Cerveza, eso sí, mucha y en diferentes presentaciones.
Hay ambiente de serie final en Culiacán, incuestionablemente; pero diferente. Y la mejor muestra de ello nos la darán los 20 mil aficionados que llenarán esta noche lo que antaño era el estadio “Angel Flores”; que crearán una atmosfera inigualable -aunque cada plaza presuma de tener a la mejor afición de la Liga – y que apoyarán decididamente y sin reservas a los Tomateros de Culiacán.
Las diferencias, sin embargo, ahí están. Para bien o para mal; pero ahí están. Y son parte del beisbol.
En fin.
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Para finalizar.
El cubano Odrisamer Despaigne ha sido seleccionado por el manager Roberto Vizcarra como su pitcher para el primer juego de la serie titular entre Tomateros de Culiacán y Charros de Jalisco.
Despaigne es el último refuerzo en el sistema. Jugó para Yaquis de Obregón en temporada regular. También, como refuerzo, estuvo con Naranjeros de Hermosillo.
Es un gran serpentinero.
El mismo que, con Venados de Mazatlán, le ganó dos juegos a Culiacán en la serie semifinal de la temporada pasada. En esta postemporada tiene 4 apariciones, una victoria sin derrota y 3. 10 en carreras limpias admitidas.
Su rival será un ex Tomatero reciente: Manny Bañuelos.
Para el segundo duelo de la serie, el “Chapo Vizcarra” tendrá a Manny Barreda; para el tercero, a David Reyes y para el cuarto a Edgar Arredondo. De momento, Víctor Castañeda y José Luis Bravo, serán primeros en la operación de relevos.
Mucha suerte.
