Palco Premier
=Estadísticas e historia del lado de los guindas
=Error, sin embargo, echar las campanas a vuelo
=El incidente entre Alfredo Amézaga y Manny Barreda
=El prematuro retiro de Amadeo Zazueta Alarid
Jorge Luis Telles Salazar
Ganar el primer juego de la serie en los “pley offs” no solo es importante sí no que representa un gran paso hacia la etapa siguiente. En este caso, la ronda de semifinales.
Cuando ese partido se gana en gira, entonces resulta ser doblemente importante.
Pero cuando se triunfa en los dos en patio ajeno, eso significa la mitad del boleto hacia la otra fase, que suele ser tan apasionada y tan tremendamente disputada como la final misma. Regresar a casa con delantera de 2-0 representa un escenario a todas luces inmejorable.
Es el caso de Tomateros de Culiacán, tras sus dos primeros duelos contra Cañeros de Los Mochis.
Aflojar el cuerpo, sin embargo, o bien celebrar por anticipado no es precisamente la mejor de todas las ideas; mucho menos cuando el rival es el campeón actual y uno de los equipos más consistentes de la temporada, como lo reflejan los 14 puntos obtenidos, que fue justamente lo que les permitió abrir la confrontación ante su gente y en su propio parque.
La estadística es abrumadora: equipo que inicia con victoria suele ganar la serie a final de cuentas y cuando son dos, fuera del terruño, las posibilidades de éxito aumentan de manera sustancial.
Pero esto es beisbol y aquí, en este tema, no hay historias escritas de antemano.
Tomateros de Culiacán tiene la delantera y su situación es muy buena, al regresar la serie al estadio Tomateros, con la posibilidad de definir el cotejo aquí mismo; pero de esto a que la serie ya esté decidida, existe una diferencia abismal.
Hay que tomarlo muy en cuenta.
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Y bien.
Quizás en esta reflexión se inscriba la decisión del manager Alfredo Amézaga en el sentido de retirar del centro del diamante a su pitcher estelar Manny Barreda -y campeón de la temporada en efectividad – cuando se jugaba la quinta entrada del primer juego de la serie en el estadio de los Cañeros, con un marcador favorable de 5 carreras contra 2.
Un inning antes, en el cuarto, con un out en el pizarrón, el Manny recibió tres hits consecutivos, el último de ellos de Zoilo Almonte, para acercar 5-1 a los monarcas del circuito. Luego otorgó la inicial por bolas malas a Rodolfo Amador y aunque ponchó al peligrosísimo Justin Dean volvió a perder el control al pasaportear a Carlos Soto, para que, “de caballito”, los Cañeros hicieran su segunda anotación. Amezaga, desde la casa club, le envió su voto de confianza a Barreda y éste respondió al dominar a Isaac Rodríguez, para el tercer out.
En el quinto capítulo, el Manny sacó los dos primeros outs; pero admitió sencillos de Yasmany Thomas y Erick Filia y las luces de alarma se encendieron en la caseta guinda, una vez que Zoilo Almonte tomó su lugar en la caja de bateo.
Almonte, uno de los toleteros más peligrosos en el orden al bat de los Cañeros representaba el empate del juego, con un eventual tablazo de cuatro esquinas, razón por la cual el mismo manager Alfredo Amézaga avanzó a la lomita con el cordón de la grúa entre sus manos. Barreda ni siquiera lo esperó, aventó la pelota a tierra y corrió hasta refugiarse en lo más obscuro de la casa club. Amézaga llamó a Miguel Aguilar, pitcher de refuerzo, quien salió del atolladero, con un espumeante chocolate para Almonte, ante el desencanto de la multitud que llenaba la casa de los campeones del circuito.
A final de cuentas, Tomateros ganó ese encuentro con pizarra de 7-2, aderezada con un soberbio cuadrangular de Joey Menses, quien encaramó la pelota en la última fila del graderío del left-center; pero el incidente entre el manager Amezaga y el pitcher Barrera será uno de los puntos que, lamentablemente, perduren en el recuerdo de la fanaticada a través de la historia, más allá de la intensidad de ese juego.
Hay quienes dicen que “El Fello” no respetó la jerarquía del campeón de pitcheo y que, por lo menos, debió haberle concedido la oportunidad de aspirar a la victoria, de la que solo le faltaba un out; pero a veces ese “bateador más”, que siempre pide el lanzador a punto de salir, representa la diferencia entre triunfo y derrota. Un jonrón de Almonte, por ejemplo.
Más bien, creo que Amézaga, consciente de la importancia del encuentro -en sintonía con lo acotado líneas arriba – decidió defender ese juego con alma, corazón y vida, por encima del record personal de un pitcher que ha portado gallardamente la casaca guinda, sin protagonizar jamás un hecho como el citado; pero, desgraciadamente le afloró la adrenalina al cometer lo que es, a todas luces, un fragrante hecho de indisciplina, del cual aún no existe una postura oficial del club, por cierto.
¿O como lo ve usted, amigo lector?
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En tanto.
Amadeo Zazueta Alarid -hijo del apreciado matrimonio formado por Amadeo Zazueta Lafarga y Blanca Rosa Alarid – decidió no reportar a Charros de Jalisco en esta temporada de la Liga Arco Mexicana del Pacifico, para quedarse aquí en Culiacán a coadyuvar en la solución de un problema de salud de Amadeo, su orgulloso padre.
Finalmente, Amadeo salió del contratiempo; pero su hijo planteó a la familia que, a sus 37 años de edad, era momento de dejar el beisbol y optó por el retiro, prematuro a nuestro juicio. Fácilmente hubiese podido jugar tres temporadas más por lo menos.
El todavía joven Amadeo Zazueta Alarid se va de la pelota, con estadísticas poco conocidas; pero que lo confirman como un grande en la historia del beisbol mexicano.
Baste señalar que aquí en el circuito invernal -donde defendió las franelas de los Algodoneros de Guasave, Tomateros de Culiacán y Charros de Jalisco – ocupa el segundo sitio entre los mejores bateadores de todos los tiempos, solo abajo del insuperable Héctor Espino. La lista considera a peloteros con un mínimo de 2 mil turnos, con un porcentaje de .297, contra .329 del llamado “Superman de Chihuahua”.
Quizás Amadeo no recibió una publicidad acorde a su valía como jugador (por ser un muchacho serio, responsable y profesional); pero ahí está la estadística que no deja mentir.
Suerte en todo lo que venga pues.
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