90 Minutos
*#Todos somos Loret de Mola
Por Antonio Velázquez Zárate
Con el permiso de nuestros lectores; arriba, por acuerdo con nuestros colegas de la Asociación de Periodistas de Sinaloa, acordamos cada uno de los agremiados manifestarnos de algún modo por los recientes hechos provocados por la máxima autoridad de nuestro país, replicada por algunos senadores, diputados y gobernadores, quienes haciendo eco a lo dicho por el presidente del país, solicitan que todos los que nos dedicamos a la de informar, estemos obligados a declarar cuanto ganamos y quien nos paga. Nos vamos a profundizar si Loret y su investigación es verdadera o falsa o si el presidente en defensa de su hijo tiene razón o no, lo que no aceptamos es su determinación de utilizar su poder, más allá de denostar a todos los periodistas que no le aplaudan, obligar a las dependencias a su cargo a violar la privacidad de cualquier trabajador, al menos que sus ingresos provengan de fuentes de delincuentes o por enriquecimiento ilícito. Todo esto, de acuerdo con los expertos. Nada de nuestra invención. #todossomos loretdemola.
Corría el mes de septiembre de 1970, para ser exactos el día primero del mes patrio, cuando proveniente de Mazatlán, donde cursé el primer año de prepa en la preparatoria de la UAS del puerto en el turno nocturno, ingresé a El Sol de Sinaloa directamente a la sección deportiva, luego de iniciar mi carrera en El Sol del Pacifico en enero de 1969, pero allá mi labor fue en calidad de reportero de primera plana.
Mi primer contacto para empaparme del fútbol local fue don Alejandro Sánchez Rodríguez, propietario de dos famosas zapaterías, quien de inmediato me envió con el entonces jefe de deportes, el profesor Armando Moreno, este a su vez me citó al día siguiente al estadio Universitario, donde me presentó a Miguel Dimópulos Ruiz, quien entrenaba al equipo de primera fuerza de la UAS.
Fue ahí donde conocí a Alfonso “Poncho” Paredes y en general a quienes en ese momento eran parta del equipo. El profesor Moreno, llamó a Dimópulos y a Isaac “Malaco” Obregón, su segundo de a bordo para una formal presentación. Desconozco si Poncho, era el capitán del equipo, pero Miguel, a grito abierto llamó a Paredes, a quien me presentó, rompiéndose ahí el hielo, a tan solo un par de días de mi ingreso a El Sol de Sinaloa.
Los puse al tanto de mi paso por la prepa Mazatlán, donde jugué como pupilo del profesor Raymundo Allende Vallín, desde luego, conocido de ellos. Miguel y el llamado “Malaco”, me invitaron a entrenar con el equipo, me comentaron que tenían planeado viajar en noviembre o diciembre a Tucson, Arizona, para iniciar un intercambio deportivo con la universidad de esa ciudad.
Y sí, ahí me tienen vestido con los colores de las UAS. Hubo un torneo amistoso, que jugué al lado de los grandes del equipo estudiantil, hice el viaje a Tucson. Allá nos encontramos con Rafael Guerra y nuestro gran amigo “Wally” Meza que se unieron al equipo, en el que viajaron, entre otros, Chava Duarte, Trini Altamirano, Miguel Galindo, Beto Media, Beto Macías, etc., etc. En lo personal, vi acción pocos minutos, lo que realmente me trae gran recuerdo fue la amistad que hice con Paredes, quien apenas conociéndome me llamó “Clark Kent”, como el reportero del periódico imaginario de El Planeta, del comic Superman. Ante tanto buen jugador, como se dice por ahí, me retiré lentamente para ingresar al equipo de la Normal de Sinaloa, en un juego ante la UAS, en una jugada pisé el talón de Poncho, la lesión lo hizo abandonar a cancha y tardó semana en reponerse. NI una queja, la contrario, lo tomó como argumento para bromear conmigo cada que nos encontrábamos. A lo más me llegó a decir “Clark, que chinga me paraste”.
Jugué a su saldo en veteranos con la Imprenta Medina, que se convirtió en la Universidad Autónoma de Sinaloa, algunos de ellos aun formamos parte del equipo más veterano, que nos conocimos en ese 1970. La calidad de Paredes es indiscutible, tanto así que le valió convertirse en profesional jugando para el Texcoco de la segunda división, que en ese entonces era la antesala de la máxima categoría. Se volvió costumbre, casi todos los días pasar por su casa, por la avenida Lázaro Cárdenas y si lo veía fuera, invariablemente me estacionaba y platicábamos un rato ya retirado del fútbol por una lesión que jamás lo dejó en paz.
Y siempre lo mismo: ¿“cómo estás Clark¨”? De cuando en cuando se daba vuelta por el estadio universitario para con solo ver “matar sus ansias de novillero”. Meses atrás, estando en mi lista de entrevistados para información del libro de todos y todas los y las futbolistas “Un Siglo de Fútbol en Sinaloa” y con motivo del reconocimiento que le haríamos durante el evento de los Juegos del Recuerdo, la noticia que nos dieron fue contundente: “Poncho, atraviesa por muy malos momentos de salud, por lo tanto, su asistencia es imposible”. En lo personal investigamos y supimos de que su partida era cuestión de tiempo.
Desafortunadamente, eso ocurrió el día de hoy. Hombre honesto, de gran humor, de apego a la familia y amigo sin condiciones. En ese concepto muy personal tengo a un amigo que dejó huella. Una vez más pues, el fútbol está de luto.
Nos vemos mañana.
