Columna Primer Bat
Por: Dr. Enrique García Villarreal
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“¿Sabe en dónde está usted parado?” se escuchaba decir en el History Channel por televisión de cable hace unos 15 años, mientras la transmisión mostraba a turistas de la época posando alegremente frente a la Torre Eiffel, al Arco del Triunfo y a la Catedral de Notre Dame de París para tomarse ‘selfies’… exactamente en los mismos espacios en donde las tropas del nefasto régimen nacionalsocialista habían marchado hacía unas 6 décadas en celebración de su exitosa campaña militar conocida como “Frankreichfeldzug”. Mientras los turistas de ayer y hoy ignoran lo ocurrido en el suelo que despreocupadamente pisan, el fascismo se había infiltrado en el corazón de la Europa del Oeste un 25 de junio de 1940, cuando las tropas comandadas por Adolf Hitler humillaron y derrotaron en tan sólo 6 semanas al gigante francés – orgullosa nación que en algún momento de su historia fuera el epicentro del mundo y que contara con el mejor ejército de todo el planeta –.
Hace exactamente dos años, un servidor tampoco sabía en dónde estaba parado. En una visita al Consulado de los Estados Unidos en la capital del Estado de Sonora, aprovechamos la ocasión para llevar a nuestros hijos al Parque Popular Infantil DIF Sonora de Hermosillo, ubicado en el centro de la ciudad por la Calle Luis Donaldo Colosio. Entusiasmados, nuestros hijos – como los hijos de muchas familias a lo largo de muchas generaciones – pasaron una bella tarde recorriendo sus jardines, visitando el planetario, subiéndose al carrusel y abordando el trenecito que recorre la mitad del terreno en el que se ubica el parque. Inaugurado en 1975 por la Sra. María del Socorro Gándara de Biebrich – esposa del entonces gobernador Carlos Armando Biebrich Torres (1973-1975) –, el Parque Popular Infantil se ha convertido durante más de cuatros décadas en parte fundamental de los espacios de esparcimiento para las familias de la capital sonorense. No obstante, si uno escucha con mucha atención, entre la alegría, los gritos y los saltos de los infantes, aún se pueden oír tenuemente los ecos de las risas, las anécdotas, el júbilo y la algarabía del béisbol de nuestros abuelos, sonidos que quedaron por siempre impresos en el predio sobre el cual algún día posara orgulloso el magno escenario del Rey de los Deportes en Sonora de principios del siglo pasado.
“Destruir tu historia y derribar tus monumentos es eliminar el conocimiento de lo que te hizo grande”, escribió el novelista e investigador medievalista, Dave Trotter. Palabras llenas de sabiduría, pues en la actualidad, muchas personas – tanto fuereñas como oriundas de Hermosillo – desconocen que los terrenos sobre los que yace este parque infantil fueron en algún momento de su historia el famoso conjunto cívico deportivo conocido como ‘La Casa del Pueblo’, misma que fuera derribada en 1972 durante el gobierno de Faustino Félix Serna (1967-1973). Los Naranjeros encontrarían rápidamente un nuevo hogar ese mismo año en el famoso ‘Coloso de Choyal’ – conocido después como ‘Héctor Espino’ en honor al mejor bateador que ha producido el béisbol profesional mexicano –, pero tanto la novena como la afición hermosillense tuvieron que despedirse para siempre del legendario inmueble construido en 1934… y todos sabemos lo difícil que es darle el adiós definitivo a la casa de los abuelos…
Fue durante el gobierno de Rodolfo Elías Calles (1931-1934) cuando se iniciara la edificación de ‘La Casa del Pueblo’, misma que contaba con biblioteca, oficinas, albercas así como el famoso estadio de béisbol. Dicho lugar tenía además un magnífico auditorio, el cual estaba finamente adornado con vitrales de tal calidad, que la revista Stained Glass Association of America los colocó en cuarto lugar a nivel mundial por su belleza y ejecución. Bajo la responsabilidad del Ing. Luis A. Romo, el inmueble fue construido a partir de noviembre de 1933, tomando inspiración en el Estadio ‘Venustiano Carranza’ de la capital mexicana. Diseñado con una capacidad para 5,000 aficionados, el estadio fue inaugurado al año siguiente, con una serie entre El Paso-México y la Selección PNR (siglas correspondientes al Partido Nacional Revolucionario, antecedente del PRI y que fuera fundado por el padre del entonces gobernador). Como primer encargado del conjunto fungió el Sr. Ricardo León, seguido por el recordado Don Miguel S. Durazo. Como también relata el gran historiador Ing. Manuel de Jesús Sortillón Valenzuela, el primer vendedor de boletos fue Ramón Díaz, mismos que eran recogidos por el Sr. Jesús Atondo en la única puerta de acceso al recinto. Aquellos héroes anónimos que pintaban las rayas de cal en el estadio fueron el popular “Cheno”, así como Manuel “Choro” Llanes, Demetrio “Chapo” Palomeras y Ramón “Marino” Hernández.
Merecedor de al menos una placa conmemorativa, el Estadio de “La Casa del Pueblo” se distinguió sobre todos los demás estadios del país por ser sede del primer juego de Grandes Ligas celebrado en territorio mexicano. Fue un 31 de marzo de 1940 cuando se enfrentaron los Piratas de Pittsburg contra los Atléticos de Philadelphia en Hermosillo en lo que fuera también el primer partido transmitido por radio desde este recinto – a través de la XEBH y con las voces de Roberto Salazar Dávila (en español) y Jesús Astiazarán (en inglés) –. El encargado de lanzar la primera bola en este evento sin precedentes fue el entonces Gobernador del Estado, Anselmo Macías Valenzuela (1939-1943) y contaría además con la participación del inmortal decano del béisbol, Connie Mack, así como el coach Honus Wagner, Eddie Collins, Frank Frisch, Al Simmons, entre muchos otros más. Gracias a los esfuerzos del comité organizador – encabezado por Don Manuel Puebla, Alfonso Hoeffer, Eloy Martínez, entre muchos otros –, los hermosillenses pudieron disfrutar desde las nuevas gradas del estadio el espectacular duelo donde Philadelphia se llevaría la victoria al son de 7 carreras por 5.
Hablar de ‘la Casa del Pueblo’ sin mencionar el nombre de Don Fernando M. Ortiz Miranda (1906-1954) sería una ofensa imperdonable, pues fue este ejemplar ciudadano un factor vital para la promoción y difusión del Rey de los Deportes no sólo en Hermosillo, sino a lo largo y ancho de Sonora. A pesar de nunca haber jugado béisbol en su vida, Ortiz fue organizador de grandes novenas, todas ellas semilleros de destacados peloteros – como la ‘PNR’, en donde debutarían personajes de la talla de Ángel Castro, Jesus ‘Cochihuila’ Valenzuela, Manuel ‘Ciclón’ Echeverría, así como los hermanos Héctor y Coty Leal –. En 1944, se uniría con Manuel Puebla y Francisco ‘Viejo’ López para la fundación de la legendaria Liga Sonora, circuito veraniego que elevó enormemente el nivel de profesionalismo en el Estado. Fue también Fernando Ortiz uno de los primeros en responder al llamado de Don Teodoro Mariscal para la creación de la primera liga invernal de béisbol profesional entre Sonora y Sinaloa – la Liga de la Costa del Pacífico (1945-1958) –. Reunidos en el Hotel Moderno de Hermosillo junto con los señores Enrique Peña Bátiz de Culiacán, Florencio Zaragoza Moreno de Guaymas, Rogelio Rodríguez Torres de Empalme y Juan Chávez Echegoyén de Hermosillo, los caballeros acordaron la creación de la famosa liga invernal un 6 de junio de 1945, comenzando con cuatro equipos: Ostioneros de Guaymas, Tacuarineros de Culiacán, Venados de Mazatlán y Queliteros (o Presidentes) de Hermosillo.
Fue en ‘La Casa del Pueblo’ y en el Estadio Universitario de Culiacán – éste último aún en pie –, donde se inaugurara simultáneamente con bombo y platillo el debut de la Liga de la Costa del Pacífico un sábado 27 de octubre de 1945, con Mazatlán y Hermosillo empatando con un 5-5 en la capital sonorense. No sólo fue ‘La Casa del Pueblo’ escenario de este gran acontecimiento para el deporte del noroeste de México, sino también en lugar donde ocurrieron muchos eventos memorables: el domingo 2 de diciembre de 1945, Manuel Arroyo entregó a la afición el primer homerun en ‘La Casa del Pueblo’ en el marco de la legendaria liga, mientras que una semana después, Manuel Magallón conectaría un cuadrangular que pasó por encima de la pizarra del jardín central – en batazo calculado en más de 400 pies –, mismo que ha sido considerado como uno de los más largos jamás bateados en este recinto. Por otro lado, el estadio fue también el escenario de todos esos fabulosos cuadrangulares del gran Claudio Solano – como el que le obsequió al ‘Manopas’ para coronarlo con el seudónimo del ‘Hombre que venció a Don Larsen’.
En pleno éxito de la Liga de la Costa del Pacífico, la vida de Fernando Ortiz llegó a su fin un 9 de diciembre de 1954. Después de una consulta pública iniciada por el periódico El Imparcial, el gobernador del Estado, Álvaro Obregón Tapia (1955-1961), autoriza que desde el día 1 de diciembre de 1955, el Estadio de ‘La Casa del Pueblo’ sea para siempre conocido como ‘Fernando M. Ortiz’ en honor a su memoria. Fue también durante esa temporada que Hermosillo conquistaría su segundo título (1955-1956) en la famosa liga invernal, de la mano del timonel Hubbard Kittle. Quizás Ortiz en ese entonces no lo sabía, pero el equipo que él puso en marcha con la Liga de la Costa del Pacífico se convertiría con el paso de los años y hasta nuestros días en la novena más exitosa y con más títulos en el béisbol del Pacífico. Es bonito saber que, en agradecimiento por su labor, la capital de Sonora le otorgó un merecido lugar entre los inmortales del ‘Salón de la Fama del Deportista Amateur Sonorense’ en el año de 1993 como justo homenaje a quien dedicara toda su vida a formar y profesionalizar el béisbol en su región. Por si fuera poco, en el tiempo en que el estadio llevó su nombre, Hermosillo conquistó dos campeonatos de la Liga de la Costa (1955-56 y 1956-57) y cuatro campeonatos en las temporadas 1960-61, 1961-62, 1963-64 (Liga Invernal de Sonora) y 1970-71 (Liga Mexicana del Pacífico), dejando su nombre en lo más alto. Sin embargo, todo siempre llega a su fin…

Uno de los momentos más tristes de nuestras vidas es cuando se cierra para siempre la casa de los abuelos – lugar en donde se reúnen las familias, se enaltecen nuestros apellidos y se desarrolla un profundo sentimiento de pertenencia entre las personas que ahí habitan –. De la misma manera en que la vida nos soprende con ese triste día que llega sin anunciar, fue un 12 de enero de 1972 cuando se jugaría el último partido en ‘La Casa del Pueblo’. Con triunfo de los Naranjeros sobre Ciudad Obregón en un 4-3, la afición vería por última vez las puertas de la gran catedral del béisbol abiertas por última vez. 49 años han pasado desde que el estadio fue demolido por el gobierno de la época en aras de un esfuerzo progresista que dejó por fuera al pueblo, mismo que aún se pregunta por qué se permitió ese golpe a la historia deportiva de Sonora. “Los edificios,” advierte Sortillón Valenzuela, “aún con su fría mole de cemento, ladrillos y metal, guardan celosamente en sus entrañas el sonido mágico del hombre, el que tarde o temprano regresa para recoger pedazos de su pasado que se niega a olvidar”. Con todo lo maravilloso que fue ver a mis propios hijos pasar aquella bella tarde en el Parque Infantil, a mí me hubiera encantado mostrarles dónde jugó su bisabuelo béisbol profesional todos esos años en la primera liga invernal profesional del noroeste de México de la cual él fue parte. ¿Por qué es que todo en esta vida se va tan deprisa? ¿Por qué es que lo dejamos ir tan fácilmente? ¿Por qué no nos oponemos con vehemencia mientras las cosas ocurren frente a nuestros ojos?
Se dice que cuando el Primer Ministro Británico, Winston Churchill, llegó a París el 16 de mayo de 1940 – a sólo 6 días del inicio oficial del conflicto armado entre Francia y Alemania en la Segunda Guerra Mundial y que concluiría con la toma de París –, reconoció éste de manera inmediata la gravedad de la situación al ver al gobierno francés quemando sus archivos y preparándose para evacuar la ciudad. “¿Dónde está la reserva estratégica?” preguntó el líder británico al comandante en jefe del ejército francés, Maurice Gustave Gamelin. “Aucune” [ninguna], respondió éste. “¿Dónde y cuándo van a lanzar un contraataque contra los flancos alemanes?” Gamelin simplemente respondió “inferioridad en números, inferioridad de equipo, inferioridad de métodos”. La guerra contra los alemanes ya estaba perdida en las mentes de los estrategas franceses encargados de proteger a su país antes de que ésta comenzara. Por el recuerdo de nuestros abuelos y en la defensa del legado para nuestros hijos, no permitamos nunca más que se nos arrebate lo nuestro, aún cuando pensemos que no podemos hacer nada al respecto para evitarlo. No hay en la vida peor lucha que la que no se hace.

